domingo, 7 de junio de 2026

La manicura de la bisabuela


Durante años mi madre me ha contado que una de mis bisabuelas tenía un ritual para cuidar las manos y las uñas. Si lo que me han contado es cierto, esta mujer tenía por costumbre poner a remojo sus manos una o dos veces al mes de esta manera. Preparaba un balde con agua templada, un puñado de sal y un chorro de vinagre. Removía y sumergía sus manos durante un rato (5 o 10 minutos). Después las secaba con una toalla limpia, y aprovechaba para cortar las uñas (pues de tenerlas a remojo se quedaban blandas y era más fácil cortarlas sin quebrarlas). 
Siendo yo una adolescente comencé a realizar esta práctica una vez al mes, y me di cuenta de que podía frotar los callos de las manos o los pies mientras los tenía a remojo en esta mezcla, con ayuda de una piedra pómez. 
Y gracias a las maravillosas tijeras para cortar pielecillas, como las llaman en España, aprendí a cortar cutículas y pequeños callos al sacar las manos del balde con agua templada, un puñado de sal y un chorro de vinagre. Siempre con mucho cuidado de no cortarme, usando un flexo en una habitación de la casa donde estuviera tranquila. 

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