Esta receta
es una de mis invenciones espontáneas que resultó ser un manjar (a mí y a mi pareja nos supo buenísimo), así que mereció la pena apuntarla allá por el 2021.
Primero
ponemos una cazuela llena de agua casi hasta la mitad, a fuego alto. Una vez rompa a hervir añadimos 6 puñados (con un poco de copete), de
pasta farfalle (conocida por tener forma de pajaritas), y 2 cucharadas rasas de sal gruesa. Dejamos hervir de nuevo, entonces bajamos a fuego medio poco a poco. Removemos cada 5 minutos durante 15 minutos (o hasta que esté en su punto pero un poquito tiesa). Apagamos el fuego y retiramos, dejándola a remojo en el mismo agua de cocción
para que no se pegue ni se seque.
Mientras se
cuece la pasta lavamos y troceamos: 3 tomates medianos (retirando los
corazones), media cebolla mediana, medio pimiento verde grande y otro medio
pimiento rojo grande. Ahora ponemos una sartén grande a fuego alto con una capa
fina de aceite de oliva, añadimos todo a la sartén y bajamos a
fuego medio poco a poco. Condimentamos con 1 cucharada rasa de sal gruesa, 6
u 8 vueltas de molinillo de pimientas, y 1 cayena picante machacada en el
mortero. Y bajamos
a fuego medio poco a poco, removiendo cada 5 minutos durante 20 minutos
aproximadamente. Cuando esté preparado el pisto, lo trituramos con la batidora para
que quede con textura de crema. Esto junto a la ausencia de azúcar en la
receta le va dar un toque a la pasta diferente y riquísimo. Y si os gusta el
picante y no es suficiente con las pimientas y la cayena, podéis añadir un
poco de Tabasco por ejemplo (no os paséis con la sal ni el picante).
Ya tan solo
hay que escurrir la pasta y mezclarla con la salsa de pisto colocando en cada plato su ración.






