domingo, 12 de abril de 2026

Pelando guisantes en la puerta

En ocasiones recuerdo cuando era niña como eran aquellas noches de verano cálidas pero con cierto frescor. El sol se ocultaba por el Oeste, el cielo tornaba azul oscuro y las estrellas comenzaban a titilar. Los mosquitos y las polillas revoloteaban en las farolas, los grillos con sus cantos, el silencio de la noche con esa paz perpetua, los murciélagos aleteando mientras lanzan esos pequeños chasquidos... Y yo pelando guisantes con mi a abuela en la puerta de la casa, en silencio. De vez en cuando me comía algún guisante. Ella sonreía, me preguntaba si me gustaban, (estaban dulces), luego me reñía porque no quería que comise los guisantes sólo que la ayudase a pelarlos. 
Era de las pocas ocasiones en las que me sentía en paz en esa casa, en ese hogar. 

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