Desde una pronta infancia pude disfrutar durante años de esta obra tan viva y apasionante. No me cansaba, la escuchaba casi todos los días. Yo de niña era un poco peculiar, porque admiraba más la música clásica que escuchaban los adultos en mi entorno, que mucha música moderna de los años 70, 80 o 90, (que estaba bien, pero no era lo mismo). Aquellas obras clásicas renacentistas y barrocas eran música para mis oídos, pasión, amor, vitalidad o paz (dependiendo de la obra por su puesto). La música clásica engrandecía, ensalzaba mi espíritu, y lo insuflaba de aquello que el mundo no le podía dar. Era como conectar con Dios, como conectar con la perfección, (https://www.youtube.com/watch?v=0c0AZDSfuRQ).
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