domingo, 25 de noviembre de 2018

Luna llena en la eternidad


Salí a caminar por el bosque en medio de la oscuridad, hasta que vi una luz amarilla brillando tras las ramas de los árboles y las nubes. Seguí caminando hacia ella, mientras el paisaje cambiaba, las nubes se desvanecían, y ella se elevaba. Era la luna llena, con ese color entre blanco y amarillo, flotando en la oscuridad. Las nubes, ya más dispersas, y algunas pequeñas estrellas la acompañaban. Y entonces admiré, en su total plenitud, aquel paisaje de ensueño. Con aquel satélite tan grande, luminoso e inmenso. Lleno de poder... Comencé a sentirme hipnotizada por su luz y la claridad que arrojaba sobre aquellas pequeñas y suaves nubes a su alrededor. Era como estar en otro mundo, un lugar muy lejano donde nada ni nadie te pueden hacer daño. Una paz absoluta, la calma y la eternidad. Seguí mirando la luna, las nubes, las estrellas… Y casi sin darme cuenta, escuchaba de forma muy sutil el viento silbar a la par que delicados tintineos. Como la melodía del comienzo de los tiempos. Antes de que existiera el ruido, la vida, antes de que hubiera nada. Y a pesar de que llegué a casa, pasando las horas con sus tareas y obligaciones, seguía pensando en esa visión tan mágica. Haciéndome pensar en un recuerdo que nunca he vivido, y acompañado de esa melodía tan sutil y tan poderosa al mismo tiempo. 

Tokyo Godfathers (2003)

Dejar la televisión encendida hasta la una de la madrugada en ocasiones trae revelaciones. En este caso fue esta película que ni sabía que e...